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UNA GRAN CIUDAD DE DULCES

Publicado en por alontrix

 

El sueño de una niña a sus nueve años era el de construir una enorme ciudad de dulces. Casas con paredes de melcocha, un barrio chino con casas construidas con dulces de ese país, edificios hechos con bombones, bananas, un barrio a la orilla de la playa donde viva una familia de negritos y que la casa esté hecha con cocadas, una calle abandonada que cuando llueva se forme barro y que éste esté hecho con arequipe. Ese siempre era el sueño de la niña cada vez que llegaba el día de disfrazarse. Siempre se vestía de Grettel. Siempre era su sueño, el de ver a su ciudad construida con dulce.  

No comas más dulces que te enfermarás.

Siempre le decía su madre al verla feliz degustando los más deliciosos liberalitos. Y mientras comía seguía soñando en cómo podría construir una ciudad a su modo. Donde ella fuese la alcaldesa, donde nadie tomara lo ajeno sin autorización, donde se dieran serenatas en las noches con canciones como -Dulce Jesús mío…

Ya te causan alucinaciones las cosas que comes.

Eran las palabras de su madre, pero su padre le decía –si sueña con construir es porque será arquitecta -déjala ser feliz. Palabras sabias de un dulce padre que alimenta dulces esperanzas en una dulce niña de dulces nueve años.

Sigue así y te recomiendo que me des una casa cerca a un parque para escuchar todos los días el cantar de las aves.

Claro que sí, papi, claro que sí.

Primero empezó a pensar en dónde la ubicaría, luego diseñó en su mente las calles, los parques, las iglesias, cómo serían los carros. Su punto de partida fue una maqueta como ejemplo de lo que sería su sueño al tamaño de sus muñecas.

Así que empezó con su largo y bien pensado trabajo. Desde la dulcería más cercana hasta las casa de sus amiguitos; bananas de todos los sabores y colores vestida siempre de Grettel iba pidiendo dulces a lo largo del día de Hallowen. Intercambió dulces con sus amiguitas, saboreó el sabor de sus comestibles y con la ayuda de su imaginación, su pilar en toda su aventura dio inicio a la construcción de lo que sería la más grande ciudad de dulces hecha por una niña de nueve años.

El único inconveniente que se le presentó fue qué hacer con la lluvia, peor aún era en conseguir quién o quiénes habitaran la ciudad, luego vino el pensamiento de cómo y dónde construir hoteles, lagos, cisnes, nubes de algodón en fin. El trabajo apenas empezaba y había mucho por hacer y lo principal de todo era la maqueta a escala de la ciudad, lo primero en hacer fue la primera casa cerca al parque y la cual sería para su papá. Una enorme casa con vista al lago de chocolate, frente a la fuente de unicornios azucarados.

Con las bananas de anís que obtuvo en la tienda de licores, realizó el primer bar y le nombró de forma igual como la tienda donde le regalaron las bananitas: La última copa. Su papi le trajo del hospital donde laboraba unos bombones e hiso el hospital de la ciudad, lo llamo: la dulce vida.

Pero su mamá. –Si sigues comiendo dulces se te caerán los dientes.

Un bombón delicioso fue degustado por ella y el palito le sirvió de viga para sostener un palacio, donde ella viviría.

Sin embargo, cuando ya tenía casi media ciudad lista, con calles pavimentadas, con un palacio hermoso, una fuente en el parque, se dio cuenta que este proyecto esperado por varios años tardaría hasta que recolectara todos los dulces que pensó necesitaría. Durante las primeras horas de la noche contempló la maqueta como si fuese su más preciado tesoro; y bajo la magia de la noche sucedió algo no imaginado para aquella dulce niña arquitecta de sueños.

Como respuesta a su pregunta de quién habitaría la ciudad, desde lo más lejano del jardín viajaban a paso lento pero firme, miles y miles de familias que decidieron asentarse en la gran ciudad de dulces, viajaban con sus hijos, sus ancianos, sus pertenencias, ninguno se quedó por fuera. Hubo otro inicio, un largo desplazamiento que duró toda la madrugada, evitando cualquier ruido entraron a la habitación de la pequeña arquitecta quien a las nueve de la mañana cuando abrió sus ojos a un nuevo día, encontró los mejores huéspedes para su ciudad; desde lo más lejano de su jardín y de los jardines vecinos, viajaron durante toda la noche miles y miles de familias de hormigas que tomaron a esa pequeña maqueta como la mejor ciudad para habitar.

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EL MÁGICO SOMBRERO VUELTIAO

Publicado en por alontrix

Me contaba mi mama que los hombre de mi familia tenía la maravillosa tradición de heredá a sus hijo un sombrero vueltiao grande grande para que el sol no les diera tan fuerte cuando se iban a pescá, allá cerca al manglá, mi papá daba la vuelta por las playas de Moñito hasta llegar y atrapaba los peces pero yo tenía miedo de que pescara un caimán desos que dicen que comen gente. Mi papá también pescaba mar adentro, se despertaba a la madrugá para preparar la carnada  y mi mamá le hacía el desayuno, siempre peto y revoltillo yo me comía la pega en esa paila tisnaa. Su sombrero, el mismito que mi abuelo le dio a papá cuando él ya no podía pescá. Decía mi mama que era tradición el sombrero en la familia desde hace año. Me tocaría ponérmelo cuando yo ya tuviese edá para pescá a mis dieciocho años, antes no porque quería que yo estudiara.

El sombrero vueltiao, ya quería tenerlo yo pero tenía que pasar mucho tiempo. Hasta que mi papá dijera: ¡Eche! Te va tocá trabajá pescando porque yo ya no quiero insolarme. Y mientras llegaba el momento me regaló uno pequeño y jugaba en el río a que yo era mi papá con el sombrero ese, el de la tradición, el de mi abuelo Jamith, el de mi bisabuelo Eusebio,  el de Ismael mi papá. ¡Ese sombrero si ha durao tiempo! ¡Eche! ¡No joda!

En el colegio me molestaban los macojartos eso de mis amigo, me decían que de tanto pescao mestaban  saliendo espinas. Pues mi familia les vendía a todo el pueblo, también iba a otros pueblo cercanos, me llevaron a conocé Playas Blancas, Puerto escondido, Ayapel venda y venda pescao recién pescao por mi papá bajo la sombra del sombrero vueltiao que sería mío cuando desescamara mil pescaos, o sea cuando tuviese dieciocho años. Prefiero tené espinas y no volcanes, je, je, je, je, je  así me defendía del moñicón más grande que no me podía ni vé porque me decía huele a pescao podrio, qué asco.

¡Eche! Que no me quería ese moñicón de errda si yo a él no le hacía ná. Seía porque yo era el más listo de clase?, será porque cuando me decían a escribir un poema yo escribía poemas al moncholo y al bagre. En matemáticas yo hacía operacione, manejaba bien los número porque yo ayudaba a pesá bocachico, mojarra y  bagre y recibía la plata de las venta. Qué envidia sentía ese man de mí y precisamente era corroncho ese quien me trataba mal, venido deotro lugar a estudiá o a tratar de hacerlo, ni estudiaba, ni dejaba estudiá. Era mi  piedrecita en el zapato pue no me dejaba ser feliz ¡ah¡ pero que jarto.

Ah sí, el sombrero vueltiao y su magia. Pues papá no sacaba pescaos del sombrero, ni conejos, sacaba sudor, eso llegaba bañadito bañadito en sudor y se iba a vendé así y llegaba con plata dentro del sombrero pa comé. Siempre decía ¡A comé carimañola y enyucao con mote de queso y de tomá peto que nunca ha de faltá en un hogar costeño! ¡No joda! Cuando yo estaba enfermo con fiebre mi papito Ismael compró en la farmacia de doña Ilusión pastillas y al llegar a casa las sacó del sombrero. Y me curé, porque enfermo que come qué se va a morí. Era magia del sombrero que aparecía medicinas, plata, abrazos, besos. Se podía hacer maravillas del sombrero mágico que sería mío, cuando ya llevara comidos diez mil bollos de yuca, o sea a mis dieciocho años. Hasta juguetes sacaba mi papá, ropa bien monocuca, pastrenar en navidá. Uhhhhh, eso le iba bien como pescaor, pero no sé por qué no trabajaba en un circo como mago si podía sacar muchas cosas del sombrero.

Íbamos por todo Canta claro y el Recreo gritando ¡El pescao fresco!, ¡El pescao fresco! en Semana Santa vendimo a la salida de la iglesia de la Virgen del Carmen y eso no cabía de la emoción; y nuevamente, el mago Ismael cuando llegamo a casa de su sombrero sacó billete tras billete.

 

 

Ya pasaba el tiempo y las redes de mi papá empezaron a llegar casi vacías, avanzaba en su edad, esas mismas redes ya remendadas en todo lado, cada remiendo tenía su historia. Home que mi papá Ismael era un mago y si los peces esos se escondían él podía sacar del sombrero lo que sea. Home que esa espalda jodida y manchada por ese caló que hacía no podía ya más trabajá, home que se acercaba el tiempo de ponerme el sombrero como si fuese una corona y yo el futuro rey. Mi viejo Ismael como todo gran pescador con una familia asentada en la orilla de la playa, jugaba siempre con sus hijo a la carrera de cangrejo, apostaba al más rojo, ayudaba a las tortugas recién nacidas a encontrar el mar. El mar fue su vida, ese viejo que pescó hasta su ancianidad me dejó esperando a que yo me colocara el sombrero, ese pescador de sueños con una red, buscaba la forma de que cuando la pesca no diera para comé, sus hijo no pasaran hambre, ese viejo sombrero vueltiao escondía miles de cosas. El hacía todo por su familia para que al menos tuvieran pa cenar una carimañola enterrada en un trinche. El viejo Israel pescó durante su vida bendiciones y agradecimiento, ah que todo lo que hiso fue por ver a sus hijo contentos y felices.

Y esa es la historia de mi papá y es la historia del mágico sombrero vueltiao. Ahora en los atardeceres desas playas de Moñito, me parece ver a Ismael en su vieja canoa de madera, a la espera de levantar la red llena de sueño y con las ansias de levantar su sombrero vueltiao para destapar lo que lleva a casa para su gran familia de costeñito hambriento, barrigone y a quiene ya se le estaban saliendo espina de tanto comer pescao.

Se me olvidaba, yo ya descamé los mil pescaos y me comí los diez mil bollos de yuca. Y el sombrero lo enterramos junto a mi papá.

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POEMA POR ENCARGO

Publicado en por alontrix

Cómo no estar enojados, tristes, frustrados,

Cómo no ser violentos, otros cabizbajos,

Si de la rosa nos importa más su belleza que la misma rosa

Si de la tierra nos importa más su uso y no su cuidado.

La espiral del tiempo vuelve en contra nuestra

Y nuestras manos siguen atadas, nuestros ojos vendados

Mientras unos con esta situación hacen fiesta

Nosotros olvidamos el presente y seguimos lamentando el pasado.

Somos miembros de una gran marioneta y no nos atrevemos a cortar las cuerdas

Cómo no estar decepcionados con esta realidad

Si antes nos despertaba el gallo y su canto

Ahora, basta una explosión y gritos de auxilio

Que estamos seguros tardarán en llegar.

Si es que llegan, pues vivimos de ilusiones, siempre lo hemos hecho.

Perdóname papel en blanco inocente de haber sido talado

Por plasmar en ti mis pensamientos

Como si tú fueses un sacerdote

Y yo el peor de los pecadores que se confiesa

Y el único pecado que tengo y tenemos, es el de vivir.

Las luciérnagas en la noche fueron remplazadas por ráfagas

Un cuaderno por un fusil.

La indiferencia siempre ha sido nuestra,

Nació con nosotros que nos equivocamos de época, de país

De familia, de amigos

Ya no tenemos esperanza no hemos visto que está muerta

Y pudriéndose cual cadáver sin sepultar

Y más allá de nuestras narices no nos deja ver la miopía.

Pero ¿Por qué me incomodo, si nadie lo hace?

¿Será que me gusta nadar en contra de la corriente?           

De qué me quejo si nadie escucha a nadie

Y quien lea esto hará lo mismo que yo, nada.

Nuestras manos tiemblan, inútiles y cobardes

Cómo no estar enojados, con mis hermanos,

Con el señor que a mi lado pasa y no se preocupa por ver

Al niño que mendiga

Pero sí a la puta que se ofrece en la esquina.

Somos miembros del país, perdón,

De la marioneta más grande que existe

Y de tantos que la maniobran ya no sabemos qué lado tomar

No sabemos qué es la autonomía

En nuestro diccionario, no aparece

Y en poco tiempo quizás nosotros tampoco.

Al menos queda lo escrito como confesión y testamento

Donde les heredo la historia, la misma que vivirán ustedes,

Los suyos, los hijos de los suyos y generaciones venideras.

¿Poema por encargo?

A lo mejor por su contenido

Nunca fue entregado ni recibido.

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ALEJANDRO´S TATOO.

Publicado en por alontrix

 

Esta es una historia que quizás usted me puede creer o no. Igual se la voy a contar para que usted no sienta el paso lento del tiempo, el ruido de la máquina y el dolor de la aguja mientras nace esta figura.

Cuando el científico, geógrafo, botánico o poeta, lo que haya sido este señor Humboldt el de Alemania. Vino hasta aquí y subió El Chimborazo, hasta ahora a mí no se me ha ocurrido la idea de escalar este volcán. Resulta que este matemático alemán o sea lo que haya sido, hiso un viaje investigando plantas y no sé qué más. El cuento aquí es que el antropólogo desocupado de mi hermano creó un árbol que le llaman genelógico o genético o gene, gene, genégico. Es un dibujo de un árbol cualquiera yo le hice un sauce en su espalda. Ese árbol tiene en las hojas a la familia en fotografías, quien se matrimonió con quien y cuántos hijos tuvieron. Pero algunos abuelos lejanos no tenían fotografías, no porque mi hermano no las haya conseguido por falta de investigación, eso como que fue porque en el tiempo de este presidente Humboldt no existían o yo no sé.    

Mi abuela me dijo una vez que un abuelo de ella le contó de Antonia, una señora que cuelga en el árbol genet genef gene.  En el árbol de mi hermano. Ella y su esposo fueron a la investigación del Humboldt ese, subieron el volcán; y cada vez que lo veo siento el llamado de subir, pero no, al menos por ahora.

Yo sí le dije que el lunar no sería problema, mire vamos bien.

Yo también tengo un lunar así.

Volvamos al cuento. Entonces el alemán se llevó a mis abuelos lejanos, ellos le indicaron caminos, plantas y sus usos, en fin. Me dijo mi abuela que el viaje se alargó y por donde iba el europeo, iban muchas personas, miles. Una vez él se dejó crecer la barba y el cabello y lo seguían como si fuese Jesús.

Se comenta que en el año de 1802 viajó a otros lugares y de ellos trajo cerámicas, oro, más plantas y más gente. Eso me lo dijo mi hermano, él es el que lee, yo nunca quise estudiar, me siento bien con lo que hago. Este señor, el filósofo, como agradecimiento, de tantas vasijas, cerámicas, ropas y toda clase de evidencias del viaje, le entregó a mi abuela lejana, a Antonia, un pedazo de barro donde estaba dibujada la figura de un guerrero, hoy ese pedazo de barro seco es herencia familiar. Y a mi abuelo lejano, Humboldt le entregó a su esposa Antonia, que le sirvió de cocinera y de otras cositas más. Claro, ante la belleza indígena o ante la belleza alemana no pudieron contenerse, por ello este señor también cuelga del árbol de mi hermano. Eso quiere decir, que tengo sangre y descendencia indígena y alemana.   

Toda esta historia es para decirle que ese guerrero pintado en el pedazo de barro, es la figura del guerrero que le estoy terminando, ésta fue hallada en 1225, hurtada por Humboldt en su viaje de 1802, entregada a la abuela Antonia y hoy tatuada en su piel.

Mire, el tatuaje quedó igual a la cerámica.

 

(La mujer se levantó de la silla con un tatuaje nuevo y sacó de su bolso un pedazo de tela hallada en el Perú, con un dibujo en ella)

Herencia de la familia le dijo.

Desde que a una abuela lejana se la dio un amor pasajero, el mismo geógrafo alemán.

(Antes de retirarse el tatuador le preguntó su nombre)

Alejandra - respondió. Y el tuyo.

Alejandro - respondió él.

 


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