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LA MUCAMA DE MOTEL

Publicado en por ALONTRIX

Apenas había llegado el taxi. No esperó a que subiéramos y entró a la habitación, creo yo deben esperar a que salgamos para entrar al recinto de amores nocturnos y prohibidos. Desde la ventanilla la vi, tenía su uniforme, un tapabocas y guantes de látex y me sentí la persona más sucia, sentí que fue un delito más que pecado lo acontecido en ese cuarto, me sentí criminal, el peor de todos los que habia visto en televisión, peor que el coleccionista de huesos y el destripador Jack, fui la peor persona del mundo.

 

Todo, todo, la sensación de alcanzar el cielo, tocar las estrellas, los roces de piel, los besos, el sudor y el barrido que hice con mi lengua en sus senos, todo. Los besos y caricias que le di a su clítoris, el calambre que corre por tu cuerpo cuando viene el orgasmo, los gritos, los gemidos, la sensibilidad, el amor, Eros, Tánatos, todo. Lo grandioso que se siente y la exitación al ver un cuerpo desnudo, la ansiedad de estar en una cama y dejarse asir por el deseo, lo salvaje, la marca de sus uñas en mi espalda y por qué no, sentir el dolor que a veces causa placer.

 

Ella, bastó con que entrara como si en esa habitación acabara de suceder un crimen. Entró a limpiarla y a prepararla para alguna otra pareja, es higiénico y pertinente que lo haga pero me molestó verla y pensar en lo que empezó a hacer. Me imagino viéndola cubriendo el cuarto con cinta amarilla para prohibir el ingreso, dibujar las siluetas de los cadáveres vivos que se enredaban en sábanas, recoger la evidencia: una botella que contenía vino, un cigarrillo no acabado de fumar, condones en la canastilla de la basura. Pudo haber sospechado de todo lo realizado.

 

En la poca poesí que leo reconozco a alguien quien dijo que "el asesino sabe más de amor que el poeta"  ¡Qué tipo de crimen se pudo haber cometido en ese cuarto de motel del cual fuimos prisioneros durante un siglo mientras en el mundo real apenas transcurrieron tres horas.

 

Viví la muerte, la asesiné, asesiné su virginidad, su inocencia, la entré al mundo del deseo y la pasión, la locura desenfrenada y el desfogue de tanta dicha. Fui un asesino ahora lo confieso, ahora la mucama estudia el lugar de los hechos, las sábanas manchadas ya no serán sábanas, serán quemadas como los brujos en la hoguera, desaparecerá evidencia alguna y quedará el cuarto con agradable aroma a esperar gemidos ajenos, a esperar nueva limpieza.

 

¿Sentirá envidia por los gritos?

 

¿Mientras está a la espera se masturbará?

 

La mucama se tira en la cama, saborea el sabor del sexo, ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! también grita ella, también puede gemir, sus dedos entran en el palacio del placer donde el rey sin corona espera a ser despertado, corre sus dedos de arriba hacia abajo, se humedece; cada vez más aumenta la fuerza y su imaginación. La encargada de la criminalística sin drogas alucina y se siente tocar las nubes, ella tiene derecho a sentirse mujer y yo quisiera estar con ella para darle la oportunidad de conocer la muerte a través de la vida, de hacerla gastar sus energías acumuladas, el sueño de ser juez y culpable de ordenar ella misma el desorden  que organiza cuando la mujer deja la frialdad y se sumerge en el universo del placer y el sudor.

 

La camarera limpia pero entra cuando ya han sucedido los hechos. Se imagina se la mujer que estaba allí dentro. A aquella mujer que enttró con un moreno alto y corpulento la ve con desdén, con envidia, queda a la espera de hacer lo suyo no sin antes nadar en esa cama que estuvo a punto de caerse, sentirse esa mujer de cabello crespo contrayendo uno a uno sus músculos, embriaga, poseída por Afrodita moviéndose de un lado a otro y escaland la esclaera al clímax de beso en beso, de caricia en caricia y en cada penetración. El pudor no existe, el temor no existe; todo es actuar sin pensar en los moteles de buena muerte y buen follar.

 

Hoy volvi al motel y sucedió lo mismo, me fijé en ella y estoy seguro me reconoció, me miró de forma despectiva, a lo mejor se dio cuenta que llegué con otra mujer. Cerré la puerta y la verdad pensé en ella mientras sentía los gluteos de mi estudiante sobre mis piernas. la vi a ella encima mío y también boca arriba, la vi en todas las posiciones y la escuché gemir, sus gemidos me parecieron una sinfonía de placer, de satisfacción de sufrimiento. Estuve con una mujer mientras pensaba en otra, estuve con dos y al mismo tiempo. ¿Se consumó todo?  no, ahora la quiero a ella y de verdad.

 

Espero que haya leído la carta que dejé en el nochero. Y espero que me espere para consumir lo que ansía, ser partícipe no del orden, sí del desorden, que entren con ella de la mano para conocer el punto de encuentro de la vida y de la muerte, ese punto que llamamos orgasmo. 

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